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sábado, 9 de diciembre de 2023

¿CÓMO SON LOS SIGUIENTES DÍAS AL ATAQUE DE PÁNICO?

 


La parte más obscura se experimenta posteriormente. Son semanas duras. Es la disección de la mente, la fragmentación de uno mismo en pensamientos y sensaciones que parecen no tener final. Es el recorrido de una batalla emocional: El cuerpo físico duele, las emociones colapsan, la mente se ve obstruida todo el tiempo por un sinfín de ataques a los sentidos, que desencadenan en miedos: El miedo a morir, miedo a que los seres queridos mueran, miedo a enloquecer, miedo a hacerle daño a otros, miedo a estar vivo, miedo a despertar, miedo a dormir, miedo a los ruidos, miedo a las voces que se escuchan y no dejan de acosarte, miedo al cepillarse los dientes, miedo al bañarse el cuerpo, un miedo generalizado. Un miedo que no se puede controlar, es como una represa que se desborda y no hay vuelta atrás.

Cuando me puse a investigar sobre los ataques de pánico, dice que los miedos se potencian y se hacen más recurrentes. Encontré que el mayor de todos los miedos es el miedo a salir, a estar en el exterior. Experimenté una intolerancia exagerada los primeros días al estar fuera, pero no como lo que se siente encerrado. Me daba más miedo estar en casa que estar al aire libre. Y es una batalla emocional porque no hay un respiro, todo es caos.

Parecía un ataque planeado, calculado. Me sentía mental, emocional,  y espiritualmente derrotado, aplastado por una fuerza mayor a mí. Es como un bucle, y el mismo bucle eres tú, saltando de uno a otro en segundos, repitiendo las mismas sensaciones una y otra vez.

El cuerpo se resiente los siguientes días, pero se experimenta el estrés máximo el primero. En mi caso, tuve un dolor muy fuerte en el pecho, cerca del corazón, durante semanas. Mis manos estuvieron un largo tiempo dormidas y sentía quemazón; es una debilidad generalizada en las extremidades, y un estrés diario que provoca malestar estomacal.

Por varios meses la ansiedad no me daba tregua. Por momentos sentía que lograba centrar mi mente y emociones pero no duraba más que unos cuantos minutos. Me estabilicé, pero pasó un largo tiempo antes de eso. Alrededor de cuatro meses.

Es una experiencia desagradable, pero me ha hecho crecer; gracias a esta situación hoy comprendo que el dolor es algo inevitable y necesario para fortalecer el carácter. Con el tiempo he entendido que el cuerpo se equilibra por sí solo. Se vuelve a empezar. Se empieza una y otra vez, es como un videojuego en el que mueres y tienes que volver al lugar de partida las veces que sean necesarias para superar el siguiente obstáculo y así subir de nivel. La diferencia es que este juego, es un juego real y muy doloroso. Un juego mental en el que podemos vencer si somos inteligentes y hábiles en adelantarnos a las crisis que casi siempre aparecen cuando menos las esperamos.

Es cierto que la ansiedad no da tregua, pero el cuerpo se adapta a los cambios. De una u otra manera lo hace. Y es muy importante que tengamos presente que debemos asimilar los cambios drásticos que vienen, porque de esa manera lo difícil se hace un poquito más fácil. Es ir ganando poco a poco, algo de terreno en las inesperadas sensaciones que nos trae este proceso de vida.

 

domingo, 3 de diciembre de 2023

ATAQUE DE PÁNICO, MI EXPERIENCIA

 

Era una mañana normal, pero sentía algo raro, como una sensación de ahogo. Mi nariz no estaba tapada, pero tenía esa impresión. Algo no coordinaba. Mi cuerpo manifestó una oleada de miedo latente que no se iba, por el contrario, aumentó.

Me senté a desayunar, comí un poco de pan y lo sumergí en una taza con chocolate. Y aquí van las primeras sensaciones: Mareo, y todo se cambió a modo cámara lenta. Mientras trataba de comer mi corazón empezó a latir más fuerte. Empecé a sudar y quería salir corriendo, pero no sabía hacia dónde, porque no era mi cuerpo el que quería correr, era mi mente la que me jalaba del interior hacia afuera. Era mi mente la que gritaba por dentro: Corre, corre, huye…

Es vergonzoso aceptar que me sentí morir en ese instante. Me estaba despidiendo de todos y de todo mentalmente, mientras sudaba intensamente. Mis manos, mis pies, mi cuerpo sudando frío. Temblores involuntarios, especialmente en las piernas. Mi estómago dolía, experimentaba náuseas. Quería gritar, pero no podía, quería correr, pero no podía. Quería morirme y estaba muriendo, aunque no literalmente. Estaba muriendo mentalmente, estaba muriendo emocionalmente. Estaba muriendo todo lo que podía ser un pensamiento hasta ese instante. Moría mientras mis lágrimas eran un río que se desbordaba a través de mis ojos. Moría lentamente, pero esa muerte no fue más que unos cuantos minutos, que parecieron horas, no perdón, me corrijo, era una eternidad experimentada en unos cuantos segundos.

¿Pero, por qué sentí que eran siglos derritiendo mi alma en ese instante? El miedo es tal que, sin exagerar, lo que se experimenta es una escena de terror como en las películas. Te agarra tan desprevenido que no te da tiempo de asimilarlo. Es algo que yo llamo un “reseteo mental”, porque deja la mente en blanco, pero con muchos miedos e incertidumbres.

Dejo hasta aquí, por ahora, pero quiero saber si les ha pasado algo similar. Pueden compartir su experiencia, porque comprender que no estamos solos en esto nos da paz y nos alivia un poco, porque cuando esto sucede podemos creer que estamos enloqueciendo, y no es así.

 

 

 



LA ANSIEDAD Y LOS ATAQUES DE PÁNICO NOS PIDEN MODIFICAR LA FORMA DE ALIMENTARNOS

Yo no sabía que tenía ansiedad hasta que experimenté un ataque de pánico; esto me hizo comprender que era la misma sensación que me acompaña...