Era una mañana normal, pero sentía algo
raro, como una sensación de ahogo. Mi nariz no estaba tapada, pero tenía esa impresión.
Algo no coordinaba. Mi cuerpo manifestó una oleada de miedo latente que no se
iba, por el contrario, aumentó.
Me senté a desayunar, comí un poco de pan y
lo sumergí en una taza con chocolate. Y aquí van las primeras sensaciones:
Mareo, y todo se cambió a modo cámara lenta. Mientras trataba de comer mi
corazón empezó a latir más fuerte. Empecé a sudar y quería salir corriendo, pero
no sabía hacia dónde, porque no era mi cuerpo el que quería correr, era mi
mente la que me jalaba del interior hacia afuera. Era mi mente la que gritaba
por dentro: Corre, corre, huye…
Es vergonzoso aceptar que me sentí morir en
ese instante. Me estaba despidiendo de todos y de todo mentalmente, mientras
sudaba intensamente. Mis manos, mis pies, mi cuerpo sudando frío. Temblores
involuntarios, especialmente en las piernas. Mi estómago dolía, experimentaba
náuseas. Quería gritar, pero no podía, quería correr, pero no podía. Quería
morirme y estaba muriendo, aunque no literalmente. Estaba muriendo mentalmente,
estaba muriendo emocionalmente. Estaba muriendo todo lo que podía ser un pensamiento
hasta ese instante. Moría mientras mis lágrimas eran un río que se desbordaba a
través de mis ojos. Moría lentamente, pero esa muerte no fue más que unos cuantos minutos,
que parecieron horas, no perdón, me corrijo, era una eternidad experimentada en
unos cuantos segundos.
¿Pero, por qué sentí que eran siglos
derritiendo mi alma en ese instante? El miedo es tal que, sin exagerar, lo que
se experimenta es una escena de terror como en las películas. Te agarra tan
desprevenido que no te da tiempo de asimilarlo. Es algo que yo llamo un “reseteo
mental”, porque deja la mente en blanco, pero con muchos miedos e
incertidumbres.
Dejo hasta aquí, por ahora, pero quiero saber si les ha pasado algo similar. Pueden compartir su experiencia, porque comprender que no estamos solos en esto nos da paz y nos alivia un poco, porque cuando esto sucede podemos creer que estamos enloqueciendo, y no es así.


Nunca he tenido un ataque de pánico, pero conozco a muchas personas que sí, y dicen que es aterrador. Supongo que hoy hay más ayudas para superarlo. Yo pienso que creer en Dios y orar ayuda pues la oración nos trae serenidad. Gracias por compartir tu experiencia.
ResponderBorrarCon mucho gusto, gracias por compartir tus pensamientos
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