La parte más obscura se experimenta posteriormente. Son semanas duras. Es la disección de la mente, la fragmentación de uno mismo en pensamientos y sensaciones que parecen no tener final. Es el recorrido de una batalla emocional: El cuerpo físico duele, las emociones colapsan, la mente se ve obstruida todo el tiempo por un sinfín de ataques a los sentidos, que desencadenan en miedos: El miedo a morir, miedo a que los seres queridos mueran, miedo a enloquecer, miedo a hacerle daño a otros, miedo a estar vivo, miedo a despertar, miedo a dormir, miedo a los ruidos, miedo a las voces que se escuchan y no dejan de acosarte, miedo al cepillarse los dientes, miedo al bañarse el cuerpo, un miedo generalizado. Un miedo que no se puede controlar, es como una represa que se desborda y no hay vuelta atrás.
Cuando me puse a investigar sobre los ataques de pánico, dice que los miedos se potencian y se hacen más recurrentes. Encontré que el mayor de todos los miedos es el miedo a salir, a estar en el exterior. Experimenté una intolerancia exagerada los primeros días al estar fuera, pero no como lo que se siente encerrado. Me daba más miedo estar en casa que estar al aire libre. Y es una batalla emocional porque no hay un respiro, todo es caos.
Parecía un ataque planeado, calculado. Me sentía mental, emocional, y espiritualmente derrotado, aplastado por una fuerza mayor a mí. Es como un bucle, y el mismo bucle eres tú, saltando de uno a otro en segundos, repitiendo las mismas sensaciones una y otra vez.
El cuerpo se resiente los siguientes días, pero se experimenta el estrés máximo el primero. En mi caso, tuve un dolor muy fuerte en el pecho, cerca del corazón, durante semanas. Mis manos estuvieron un largo tiempo dormidas y sentía quemazón; es una debilidad generalizada en las extremidades, y un estrés diario que provoca malestar estomacal.
Por varios meses la ansiedad no me daba tregua. Por momentos sentía que lograba centrar mi mente y emociones pero no duraba más que unos cuantos minutos. Me estabilicé, pero pasó un largo tiempo antes de eso. Alrededor de cuatro meses.
Es una experiencia desagradable, pero me ha hecho crecer; gracias a esta situación hoy comprendo que el dolor es algo inevitable y necesario para fortalecer el carácter. Con el tiempo he entendido que el cuerpo se equilibra por sí solo. Se vuelve a empezar. Se empieza una y otra vez, es como un videojuego en el que mueres y tienes que volver al lugar de partida las veces que sean necesarias para superar el siguiente obstáculo y así subir de nivel. La diferencia es que este juego, es un juego real y muy doloroso. Un juego mental en el que podemos vencer si somos inteligentes y hábiles en adelantarnos a las crisis que casi siempre aparecen cuando menos las esperamos.
Es cierto que la ansiedad no da tregua, pero el cuerpo se adapta a los cambios. De una u otra manera lo hace. Y es muy importante que tengamos presente que debemos asimilar los cambios drásticos que vienen, porque de esa manera lo difícil se hace un poquito más fácil. Es ir ganando poco a poco, algo de terreno en las inesperadas sensaciones que nos trae este proceso de vida.


Lo siento, perdóname, te amo, gracias.
ResponderBorrarCaminando en estado de presencia, un saludo
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