No caminamos en soledad. Somos guiados por la Inteligencia Divina. El amor del Padre Creador está en nosotros y en las personas que nos rodean; y espiritualmente, a través de su energía, nuestros ancestros están a disposición para ser luz en nuestras sendas.
¡Qué emocionante y amoroso es sentir la presencia de guías cada segundo de nuestra existencia! Están allí siempre: En la belleza de una flor que sea abre confiada a la luz del sol, en un árbol cobijándonos del calor o de la lluvia, en la mirada benevolente de un desconocido que nos cruzamos por la calle, en las preguntas de un niño que está en completa presencia cuando lo miras a los ojos y lo escuchas con atención.
Todo está presente en nuestras vidas, no hay vacíos ni huecos; la ausencia que podamos sentir en ocasiones es la percepción errónea que tenemos del amor. Porque el amor lo colma todo: la luz y la obscuridad, el día y la noche, cada opuesto es abrazado por el amor.
La intensidad con que percibas la vida es un equivalente a la conexión o desconexión que puedes estar experimentando en tu interior, y en cómo transitas el exterior a través de los sentidos: A mayor desconexión de tus habilidades sensitivas como la intuición, mayor será tu descontento y hostilidad hacia lo espiritual, hacia lo que no se ve. A mayor conexión con el mundo intangible, lo que llamamos invisible, ligero, libre de ataduras físicas, tu cuerpo físico, mente y emociones encontrarán los caminos para que tu existencia esté alineada con el agradecimiento y la alegría, porque existir también implica que de nuestra parte haya una apertura de aceptación, receptividad e inocencia para conectar con lo sutil, con la energía, y la vibración de cada cosa que existe: Lo que probamos, lo que olemos, lo que tocamos, lo que escuchamos y lo que vemos.
Todos tus sentidos activados en un instante, en cada cosa que haces como caminar, nadar, bailar, comer, leer, son la prueba de si estas en el presente disfrutando cada sensación o, por el contrario, te encuentras en el pasado o en el futuro, perdiéndote del instante que es y no se repetirá. Incluso la respiración, que es algo que haces a diario para estar vivo, son inhalaciones y exhalaciones que no regresarán. El momento perfecto siempre es ahora, es este instante, siempre lo fue y siempre lo será, aquí cuando te escribo, y ahora que me estás leyendo.
Cada cosa que hacemos es un viaje sin retorno, es un ir hacia el presente, pero ese presente no se detiene porque siempre continúa hacia la eternidad, sin mí o sin ti, no se detendrá.
La renovación que necesitamos está en la oración y en el arte de profundizarla a través del amor. Si deseas ver lo que no se ve, si deseas conectar con tus ancestros, seres de luz, o con algún maestro espiritual que está en otro plano, en nuevos aprendizajes, debes pensar en ellos con amor, con alegría, con agradecimiento.
La meditación, la oración, nuestras plegarias, cantos, agradecimientos, todo aquello que sea querer conectar con Dios, la Madre Tierra, el Universo o con la Infinitud, implica de nuestra parte voluntad y constancia en la práctica. Toda disciplina o hábito que crece en nosotros se perfecciona, se profundiza y da frutos a través de esa interminable persistencia de querer aprender más y de nuestro amplio deseo de estar más cerca de la Luz y la Sabiduría.
El día 22 de noviembre del año 2023, a las 3:35 p.m., me encontraba en medio de una meditación, orando al Padre Creador, sentía la imperiosa necesidad de preguntarle sobre la verdad, que Él me hablara sobre ¿qué es la Verdad? Le expresé mentalmente las siguientes palabras: “Muéstrame la Verdad”. Minutos después de seguir en oración y en agradecimiento, haciendo mantras, dándome la paz que deseaba, recibí este mensaje, por medio de una voz que dijo: “Las personas son luces que cuando están en tú presencia te piden amor... Es lo que quieren de ti: Amor... Extienden sus manos... Lo que quieren es amor... Amor, comprensión, benevolencia, ayuda, alegría... Ser escuchados... Acompaña a tus hermanos con amor.”. En lo primero que pensé fue en el querido y amado Maestro Jesús y en sus palabras: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”, que aparecen en la Biblia, en el Nuevo Testamento, en el evangelio de Juan, capítulo 14, versículo 6.
Sentí que fui escuchado por el Padre, mi corazón desde ese día sabe para sí mismo que el perdón, el amor y el servicio al prójimo son gran parte de la Verdad de nuestra existencia, y que las personas que me rodean son luces queriendo ser encendidas en amorosa compresión.
Cuando entramos a nuestras meditaciones u oraciones con inocencia, fe y transparencia, somos escuchados genuinamente. En estos estados de interioridad y de contemplación del amor y el perdón, he comprendido que las realidades crueles y dolorosas que experimenta el mundo han sido la visión, las fabricaciones, las ilusiones, y las fantasías de hombres y mujeres a los cuales nos ha faltado el entendimiento de nuestra grandeza y el potencial de nuestra energía al servicio de la Luz y del Amor.
Somos una fuente inagotable de creación divina, sólo nos hace falta cerrar nuestros ojos y mirar hacia adentro, y desde el interior, abrir los ojos a esa visión que el Padre nos quiere compartir para que construyamos una vida y un mundo más equilibrado, más amoroso y complaciente con todos los seres que lo habitamos.
No cierres los ojos al amor y al servicio si sabes que es lo que el Padre te pide para que crezcas en la visión hacia tu camino espiritual. Sanamos cualquier emoción y de paso cualquier enfermedad cuando estamos conectados con lo que somos: Seres de luz, habitando un cuerpo, para estar al servicio de este mundo terrenal.
Que la Verdad sea tu compañera de vida para que seas libre, y eso no lo digo yo, lo dice el amado Maestro Jesús en Juan 8, 32: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. Libres de cualquier dolencia, necesidad, miedo o inquietud que los acompañe.
Mis mejores pensamientos siempre.


Muy hermosa experiencia, me conmovió porque creo profundamente en que Dios se manifiesta a todas las personas, y sólo aquellos que abren su corazón lo pueden escuchar. Gracias por compartir esta experiencia tan hermosa.
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