Cuando era niño me preguntaba “¿por qué las pastillas que tomamos calman el dolor?”. Aunque suene obvio, pensaba: “si me duele el estómago y tomo una pastilla para el dolor, ¿por qué me deja de doler?, ¿acaso la pastilla tiene mente propia y sabe que se tiene que ir al estómago a calmarme el dolor?”. Hoy creo que lo que nos sana no es la pastilla, sino el mensaje que nuestra mente le manda al cuerpo (no desconozco el valor ni las propiedades de cada medicamento para el que fue fabricado). Pongo un ejemplo: Si me duele el estómago, yo me tomo la pastilla pensando en mi estómago y no en la pierna, ni en el pelo, ni en un dedo. Yo soy quien, inconscientemente, da la orden al cerebro para que la pastilla actúe en mi cuerpo. Con sólo pensarlo es suficiente para que mi cerebro capte el mensaje. Un día escuché la frase “la energía sigue al pensamiento”, y no la comprendía muy bien, pero ahora entiendo que, si a mí me duele el dedo gordo del pie, y me tomo un analgésico, obviamente hace efecto porque mientras la tomo, con un vaso de agua, mi mente está centrada en el dolor que tengo en el dedo gordo del pie: mi energía va, en ese momento, al lugar donde mi pensamiento la mandó. No pretendo profundizar en esto porque no soy experto, pero realmente nuestra mente es poderosa, y no hemos aprendido a comprenderla para sanar, y muy seguramente llegará el día en que no necesitaremos pastillas para estar bien, pero mientras eso sucede, parece que hay que tomarlas. En mi caso, he aprendido a manejar ciertas dolencias sin medicamentos, pero hay otras, como la migraña, que se hace insoportable, si no recurrimos al medicamento adecuado para controlarla. En todo caso hoy tenemos acceso a muchas herramientas y terapias (medicina holística) que contribuyen con la salud física y mental, y es algo que ya he experimentado y lo compartiré en otra entrada porque me ha funcionado.
Con los alimentos también podemos experimentar el efecto placebo debido a que no sólo los hemos “etiquetado”, sino que está comprobado que cumplen una función específica en el organismo cuando los consumimos. Por ejemplo, decimos que el limón sirve para el dolor de estómago, la piña para adelgazar, la manzana para relajarse, etc. Estas son cosas que en parte son verdad, pero es que realmente ningún alimento puede dañar nuestro organismo si se consume de manera adecuada y moderada, independientemente de si lo usamos con fines curativos o alimenticios.
Nuestros antepasados, más remotos, se alimentaban para subsistir y nunca se preocuparon por qué efectos tenía la comida en su cuerpo, solamente disfrutaban, saciaban su sed, su hambre y sus necesidades más primordiales. Hoy eso ha cambiado, porque en vez de disfrutar y agradecer la comida, estamos pensando en si nos va a engordar, adelgazar, si nos va a rejuvenecer, o envejecer, etc. Por eso tenemos dos opciones: hacer de los alimentos una especie de placebo según nuestras necesidades, aunque no siempre funciona, porque combinamos los alimentos naturales con "comida chatarra"; o comer sano y agradecer que tenemos alimento.
Pero no debemos ir a los extremos, y más bien hacer de los alimentos un placebo. Por ejemplo, si tenemos un "antojito", que “creemos” no nos hace bien, no deberíamos reprimirnos y más bien disfrutar y agradecer mientras lo consumimos, ya que esto causa en nuestro organismo placer, que contribuye con la activación de la dopamina, que es un neurotransmisor químico que regula la motivación y el deseo. Lo que sí es cierto es que cuando uno tiene crisis de ansiedad, no es recomendable consumir harinas o dulces porque descompensan el organismo, ya que en un comienzo eleva nuestra energía y nos motiva, pero esta sensación “cae” con la misma rapidez que nos llegó, potenciando el síntoma. En mi caso, si por algún motivo no puedo evitar comer un helado, aprovecho ese instante para agradecer que lo puedo disfrutar, y mientras lo como no pienso en que me va a hacer daño, sino todo lo contrario, y uso mi emoción y el placer que me causa comer un helado de chocolate, para canalizar energía positiva y vibrar alto. Es en esos momentos cuando podemos pensar en algo que deseamos, o podemos evocar un momento de alegría para inducir a nuestra mente para que nos traiga más de lo mismo (me refiero a los estados de alegría, gozo y paz). Pero lo que sí es cierto, es que cada vez que comemos algo que nos causa mucho placer, es primordial agradecer, ya sea mentalmente si estamos acompañados, o en voz alta si estamos solos, porque esto tiene un poder muy grande en nuestra vida, ya que “agradecer” contiene un estado vibratorio muy grande que atrae prosperidad en todos los sentidos.
En todo caso no es fácil salir del consumismo (medicamentos, comidas, bebidas, etc.): ¿quién no ha caído en la trampa de elegir un paquete de papas fritas, en vez de una fruta? O tomar una pastilla para un dolor leve de cabeza, en vez de cerrar los ojos por un momento y hacer respiraciones conscientes (esto calma este tipo de dolores) Pero, seguramente hemos tomado conciencia, y felizmente hemos seleccionado pensando en la salud y no en los antojos y sugerencias que el consumismo nos hace creer que necesitamos. Y aunque no lo crean, las emociones se estabilizan cuando comemos sano, o cuando en vez de temer disfrutar de algún alimento, simplemente comemos, lo que sea que tengamos a la mano, con la sensación de agradecimiento y placer por tener el privilegio de poderlo disfrutar.
Si sanamos nuestras emociones, sanamos por dentro y por fuera, y muy seguramente serán pocas las veces que tengamos que hacer uso de una “pastilla” para sentirnos bien.
Paz y amor en sus vidas.


Es verdad lo que dices, y lo he notado especialmente con las aguas aromáticas pues muchas veces sólo con olerlas sentimos calma. Pero a veces si es necesario tomar una pastilla para calmar un dolor.
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