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domingo, 24 de noviembre de 2024

"NO SÓLO DE PAN VIVE EL HOMBRE"


Cuando cruzamos por los momentos más oscuros de nuestras vidas se experimenta dolor, desazón, frustración, impotencia, negatividad, ira, envidia, desolación, en fin, muchas sensaciones que nos estancan. Y precisamente allí, cuando más bajo caemos, pequeños rayos de luz aparecen para iluminarnos. Uno de ellos es la oración: el refugio de las almas abatidas y tristes que encuentran consuelo conversando con el Padre Creador. 

Si en algún momento de tu vida has estado orando durante semanas o meses intensamente, habrás notado que tu cuerpo y tu mente se llenan de mucho amor, incluso estás tan colmado de gozo y sabiduría que no sientes tanto apetito. Precisamente sobre eso quiero escribir en esta ocasión. Cito el Evangelio de Mateo 4,4: "Jesús le respondió: Escrito está: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios". Y así es, es lo que he experimentado; mi cuerpo durante esos días en que más me sumergía en la contemplación del amor y la luz de Dios, se saciaba con más facilidad y no me era necesario comer y beber grandes cantidades de alimentos. En verdad que me nutrí espiritualmente y obtuve equilibrio emocional, también me colmé de mucha fuerza y coraje. Además de eso, me empecé a dar cuenta que la moderación es algo importante para nuestras vidas. En cada cosa que hacemos encontrar ese punto medio, orientado hacia la armonía, es clave para estar bien.

Los excesos siempre traen desequilibrio y hacen que nuestros hábitos sean afectados. Las buenas costumbres: orar, meditar, servir, comer frugalmente, dormir bien, usar buenas palabras, etc., nos van llevando a un desarrollo óptimo de nuestra conciencia.

Querido amigo, querida amiga que me lees, te invito a que observes activamente tu proceder, de manera incansable, así te darás cuenta de los hábitos que puedes mejorar. Si realmente quieres sanar tus emociones y llevar una vida genuinamente positiva, haz el esfuerzo de mirarte en el espejo de tu propia realidad, allí hallarás tanto que mejorar que quedarás asombrado. Si un día pudieras ser el observador de tu propia vida, quizás descubrirías cómo miran tus ojos al mundo y las personas, y quedarías aterrado de los juicios que emites y la falta de benevolencia que hay en ellos. Habrá excepciones de personas que tienen una mirada transparente y que no encuentran nada que juzgar, pero para la mayoría de nosotros es una tarea que tenemos que superar.

Tu familia, las personas con las que convives en casa, en el trabajo, y las que te cruzas cada día, sin excepción, son tu espejo; son el reflejo que necesitas ver para darte cuenta de que no eres superior o inferior, ni mejor o peor; más bien son “guías”, seres sintientes llenos de energía que te están mostrando algo, ya sea negativo o positivo. Están ahí para que aprendas, para que crezcas en el amor y en el perdón. 

Cuando elijas mirar hacia adentro, cuando llenes tu cuerpo, mente y espíritu de la oración, la contemplación, la meditación, etc., en verdad sentirás que lo que más alimenta tu existencia son tus pensamientos amorosos, y lo que creas a partir de ellos. Estarás “incluyendo” verdaderamente a las personas, a la naturaleza, a los animales, y a todo lo que te rodea. 

Es cierto que bebemos y comemos para tener energía, para estar vivos, no hay nada tan cierto como eso y la muerte de nuestro cuerpo físico, pero aún así, si tu deseo es profundizar tu propia existencia y conocer más de su ilimitado poder, te digo con mucho cariño y respeto: Somos llamados a algo más profundo, somos llamados a sentir la Luz y el Amor del Padre Creador; somos llamados a descubrir los maravillosos secretos que guarda la Madre Tierra en sus profundidades, y eso se logra haciéndonos responsables de nuestra energía y el equilibrio de nuestro cuerpo físico. La armonía, la templanza, el poder y la sabiduría la vamos construyendo desde el interior de nuestro cuerpo hacia afuera. Este vehículo que nos permite movernos en la tierra tal vez podría volar un día, eso depende de qué tan lejos creamos ser capaces de llegar, pero mientras tanto debemos cuidarlo, no sólo con alimento físico, sino también con alimento espiritual.

Alimenta tu tiempo de oración y meditación, alimenta tu mente de pensamientos amorosos, receptivos, benevolentes. Alimenta lo que creas que eres abrazando la presencia del Padre, porque en esos pequeños actos que se hacen a diario, saciarás tu sed y tu hambre espiritual, física, emocional y mental. Todo lo que quiera satisfacerse en ti hallará su alimento, su nutrición, en la contemplación de las grandes virtudes. Y no te preocupes por lo que esté en desequilibrio, hallará la armonía, siempre lo hace, porque la constancia en la oración dará sus frutos cuando menos lo esperes, y cuando más lo necesites. La clave es: Sin apego al resultado, sino por el placer de estar bien.

Persiste en la oración, a pesar del dolor, como si fuera una comida diaria: Tu alma se nutrirá y tu cuerpo lo agradecerá. Mis mejores pensamientos siempre.


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