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jueves, 23 de enero de 2025

LA ANSIEDAD Y LOS ATAQUES DE PÁNICO NOS PIDEN MODIFICAR LA FORMA DE ALIMENTARNOS



Yo no sabía que tenía ansiedad hasta que experimenté un ataque de pánico; esto me hizo comprender que era la misma sensación que me acompañaba desde niño. Y a esa edad era obvio que no lo entendiera, pero con el paso de los años mi vida se presentaba como una interminable carrera en hacer cosas: El colegio, las tareas, los juegos, la vida cotidiana, etc., y a medida que iba creciendo empeoraba, pero fue algo que no pude percibir hasta que siendo adulto llegué a un límite mental, emocional y físico. Como ya he venido contando en estas entradas sobre la ansiedad, es un aprendizaje que me mostró situaciones y hábitos que no venía manejando bien, e incluida la alimentación, y por ello en esta ocasión quiero compartirles mi experiencia con este tema antes y después del ataque pánico.

En el pasado, en el día a día siempre comía de todo, con moderación, pero sin restricciones: Frutas, vegetales, proteínas, cereales, harinas y dulces. Pero sobre todo harinas, que es algo natural y cotidiano en mi país, en que se suelen comer muchos panes, empanadas, arepas, prácticamente harinas pero que cambian en sus rellenos. Sabemos que son de maíz o de trigo, pero no dejan de ser procesadas y de no ser saludables si las consumimos en exceso. Además de eso, me encantaban los chocolates:  “un escape a la tristeza, a la frustración, al miedo y al estrés”. Es algo que hoy comprendo, y quisiera empezar por los chocolates porque en verdad son una delicia y aportan mucha energía y cosas positivas al organismo, pero cuando los consumimos desde una necesidad o búsqueda de compensar los momentos de crisis pues se torna muy negativo. Es nocivo el consumo de chocolates, dulces y paquetes cuando consciente o inconscientemente nos alimentamos de ellos para salir del paso, para sentir alivio o para cubrir episodios de inestabilidad emocional.

Los alimentos son nuestra fuente de energía, pero se pueden convertir en una fuente de compulsión y de escape a la vida y a los conflictos internos que no logramos solucionar en el presente. Precisamente, cuando tuve la primera crisis de ansiedad fuerte y el ataque de pánico, estaba bebiendo una taza de chocolate caliente. Es importante resaltar que cuando entiendes, cuando no y cuando sí tomar o consumir ciertos alimentos, llevas ganada gran parte de la batalla para usar inteligentemente los llamados “ultra procesados” porque sí lo son, pero echarle la culpa a lo que ingieres, es dejar de lado la responsabilidad que cada uno tiene con la salud y armonía en su cuerpo.

No deseo opinar mucho acerca de temas que no domino, pero comparto mis experiencias personales al respecto porque pueden contribuir de alguna manera. En el caso de la ansiedad y los ataques de pánico, tomar o comer alimentos como el café, los chocolates, los dulces, las harinas, los bizcochos, donuts, energizantes, gaseosas, jugos artificiales, paquetes, etc., no son buena idea porque le suma en exceso energía a esa que ya traes de sobrecarga con la ansiedad y esos estados que te hacen estar todo el tiempo en alerta. De hecho, las primeras semanas y meses después del ataque de pánico, rechazaba inconscientemente este tipo de alimentos; mi propio cuerpo sabía que no necesitaba ni deseaba esa sobreexcitación e hiper energía en el organismo. Nuestra propia naturaleza, la química de nuestro cuerpo nos muestra el camino saludable y positivo de maneras sutiles, sólo basta que estemos atentos a las señales y todo irá bien.

Como el ataque de pánico me dio para mitad de año y ya a finales de noviembre del mismo año estaba más recuperado y en equilibrio, no me quise negar los manjares que trae la navidad. Entonces me di vía libre a consumir entre diciembre y enero, buñuelos, natilla, arroz de leche, galletas, panetones, helados, tortas, etc., trayendo consigo que mi cuerpo se llenara de excesos de energía lo que hizo que volviera  la ansiedad muy fuerte.

Agradezco que me sucediera esto porque pude comprender que ya no podría volver a comer así si en verdad lo que quiero es alejarme de los estados ansiosos. Y aclaro que comí para ese fin de año todas estas cosas que se comen normalmente por la época, pero sin exageraciones. Entonces imaginen a una persona que come en exceso, ¿cómo puede ser la ansiedad para ella?

He aprendido que en lo posible es mejor evitar el consumo regular de los alimentos que les he nombrado para estar equilibrado y con menos propensión a recaer en la ansiedad y en los subsiguientes ataques de pánico que son tan desagradables y de los que nos cuesta tanto recuperarnos. 

En el presente no como ni bebo ninguno de estos alimentos regularmente; se los comparto en el orden de efectos negativos que causan a mi organismo:

Café: Me encanta, pero es demasiado para mi sistema nervioso. Un pequeño sorbo es como un "shot" de ansiedad inmediata. 

Bebidas energizantes: Claramente tienen un alto contenido de cafeína y estimulantes, una probable bomba de ansiedad. 

Gaseosas/Jugos artificiales: Sabemos que tienen más azúcar que la misma azúcar, jajaja. 

Chocolate en todas sus formas: Cargan mucho mi organismo por la grasa y el dulce. Aunque dicen que los chocolates al 70% u 80% son muy saludables porque tienen menos azúcar. 

Bizcochos, donuts, galletas, pasteles: No hay nada más delicioso que una de estas tentaciones con un café expreso, jajaja. Son muy ricos, pero hay que mantenernos alejados de ellos. 

Azúcares y aditivos: Son muy concentrados y por eso le dan tanto sabor a lo que ingerimos, son de los más potentes para estar super ansiosos. 

Té: Me gusta mucho el té, pero es en demasía estimulante, así que no se los recomiendo. 

Helado: ¿A quién no le gusta el helado? A la mayoría nos gusta, habrá sus excepciones. Lo puse casi al final de la lista porque no me sienta tan mal, pero sí cuando va acompañado de más dulce, como el brownie o las salsas azucaradas que se le agregan. 

Paquetes: Las frituras son puro aire, les perdí el gusto hace varios años porque irritan la piel y generan mucha dependencia: puedes llegar a comerte tres paquetes de papas en una sentada y querer seguir comiendo uno más, y otro, y por qué no otro más. No paras hasta que te duele la panza, y vas al baño, pero sales y ves que el paquete sigue ahí, diciéndote mentalmente: ¡cómeme! Jajaja, parece gracioso, pero hay personas que, literalmente, tienen su salud dañada por consumir estos productos.  

Bebidas alcohólicas: Deben ser, junto con el cigarrillo, las que más ansiosas ponen a las personas. Como no las consumo, van entre las últimas, pero deberían ser las primeras en la lista de los productos que más ansiosos y depresivos colocan a las personas en el mundo. 

Leche: La leche ya no es leche, debe ser algo parecido a la leche ese líquido blanco que nos venden en los supermercados. La dejo última en mi lista porque es de los productos que más me gustaban, pero es el que menos consumo, pues tiene mucha grasa y genera muchos gases en el organismo. Además de eso, la leche está presente en la mayoría de los alimentos o bebidas que les mencioné en esta lista. No es un dato menor porque, en mi caso particular, al dejar de ser uno de los primeros alimentos que ya no ingiero en mi dieta, me ha ayudado progresivamente a dejar los otros, como el café o los helados. Es como eslabones que vamos soltando para tener una vida más consciente y más sana.  

Quizás en la lista hacen falta alimentos que nos potencian más la ansiedad, pero para cada persona es diferente y el orden también varía. A mí, el que más me afecta es el café, pero en tu caso pueden ser los paquetes que, aunque no tienen tanta “azúcar” como una rebanada de pastel de chocolate, igual generan mucha adicción.

Y es precisamente adicción lo que nos generan los productos procesados, altos en sodio, azúcar, grasas, aditivos y conservantes. Si ya de por sí eres ansioso o una persona con dependencia a ciertos alimentos, y te cuesta tener fuerza de voluntad, la mayoría de los productos que en el presente nos ofrece la industria a nivel mundial, terminan siendo ese empujón para que sigas dormido emocional, mental, espiritual y físicamente. Prácticamente duermes cada día unas cuantas horas en la noche y te despiertas a la mañana siguiente para seguir dormido, aunque estés despierto, porque como comes es el reflejo de lo que eres o de lo que otros quieren llevarte a ser que seas: alguien dependiente, alguien que se satisface y se “alimenta” con lo fácil, con lo temporal, con lo rápido, con lo que no genera ningún esfuerzo.  

Con esta entrada no pretendo desacreditar nada ni a nadie, el caso es que  escribo con la mayor sinceridad posible porque sé que hay muchas personas transitando la ansiedad, otras recién empiezan a sentirla, y la mayoría que la padecen no saben qué es la ansiedad, ni se dan por enterados que algo no está bien en sus vidas. De hecho, amigos y amigas que me leen, sabemos que la ansiedad es algo natural en los procesos químicos de nuestro cuerpo; es una respuesta al estrés o a situaciones que nos exigen una alta demanda de nuestras energías. En verdad que estar ansioso es algo normal y nos pasa a todos en diferentes momentos y situaciones de la vida, la cuestión es cuando dejamos que siga pasando, y cuando menos nos damos cuenta estamos consumidos por un estrés y estados de ánimo que nos superan. No creo que haya que ver como un monstruo a la ansiedad sino como una oportunidad para hacer cambios relevantes en nuestras vidas. 

Cuando me animé a dejar ciertos alimentos en mi dieta, no porque no me gustaran, sino porque me causaban algún malestar o potenciaban los estados ansiosos, empecé a entender que un pequeño cambio iba a generar otros cambios. Un ejemplo: Dejar de tomar café me ha servido para estar más sereno, para tomar mejores decisiones, para pensar con más claridad y lucidez. Y además de eso, me ha llevado a hacer otros ajustes favorables para mi día a día: beber más agua, consumir más zumos de frutas sin azúcar, usar menos sal o azúcar en la preparación de los alimentos, etc.

Si te das la oportunidad de hacer un cambio, por pequeño que sea, en tu vida, te ayudará a hacer grandes cambios progresivos, y así te transformarás en una persona más armónica. Es como que todo está interconectado, y al elegir lo que te hace bien y no lo que deseas, vas encontrando más luces, más herramientas, más iluminación, más paz, más autodominio. En definitiva, te convierte en el capitán de tu barco y puedes navegar en los aprendizajes con mayor destreza.

Mis mejores pensamientos, que el amor y la luz del Infinito Creador te acompañen siempre. 


lunes, 2 de diciembre de 2024

UN PESO INADECUADO POTENCIA LA ANSIEDAD


Cada ser humano según su estatura debe tener un peso ideal; es algo que varía porque la genética de cada persona es diferente. ¿Te has dado cuenta de que en los momentos que más ansiosos nos sentimos comemos compulsivamente? Es algo que nos sucede a menudo, pero no lo notamos porque nos acostumbramos, inconscientemente, a llenar vacíos emocionales con la comida. Lo que no gestionamos bien, o lo que nos causa frustración lo transformamos en un apetito incontrolable o en una ira descomunal. Casi siempre las personas que tienen ansiedad y no lo saben tienden a ser descuidadas en el comer: o comen demasiado o comen muy poco. 

Las emociones varían según la persona, y así mismo esto influye en la cantidad de alimento que consumen: Algunas personas cuando están tristes sienten la necesidad de comer mucho más; y otras, que estando igual de tristes, no quieren comer nada. Y es bueno hacerle caso al cuerpo de vez en cuando, ya que al darle un descanso éste cumple sus funciones con más facilidad, y el tiempo que no tiene que ocupar para ayudar con el proceso de digestión de todos los alimentos que consume (a veces en exceso) lo usa para reparar el organismo. Por eso es sano tener espacios para comer menos, pero nunca dejar de comer por largo de tiempo, pues las personas que no comen lo suficiente en el día, están más expuestas a sufrir ataques de ansiedad y dolencias físicas, porque descuidadamente están llevando su cuerpo a cruzar límites a los que no está acostumbrado, y que tarde o temprano repercutirá en enfermedades.

La naturaleza del ser humano indica que su subsistencia física se encuentra en los alimentos, y si esa entrada de energía se ve diezmada, en algún momento el cuerpo no va a tener la fuerza suficiente para moverse y tampoco la manera para que pueda hacer un uso óptimo de su mente. Precisamente, lo que a veces no comprenden las personas que tienen ansiedad, es que cuando no se come correctamente, la lucidez mental que se necesita para no ser absorbidos por los miedos se pierde, y por eso la mayoría de dietas restrictivas para mantenerse delgado o para bajar de peso, son difíciles de sostener, ya que la mente y pensamientos se ven afectados por el esfuerzo que se está haciendo al no darle al cuerpo los nutrientes que no sólo necesita sino que está pidiendo, y la forma en que lo expresa es con la ansiedad, los ataques de pánicos, e incluso a veces con alucinaciones, paranoia, etc. Esto último, en los casos en que la persona por alguna razón no tiene como alimentarse porque quizás carece de recursos económicos suficientes para suplir sus necesidades básicas.

Si tienes ansiedad o ataques de pánico, revisa si comes poco o demasiado, y si eso con lo que te alimentas es adecuado y sano para ti; así podrás ir entendiendo un poco más sobre una de las tantas razones que la causan. Un cuerpo está en desbalance cuando se come de más, porque el organismo está usando la mayor parte de su energía en la digestión de los alimentos, y la función que tiene el cuerpo de reparar se ve limitada por este motivo. Y un cuerpo también está en desbalance cuando pasa hambre porque no está nutriendo correctamente su organismo, y especialmente el funcionamiento del cerebro, provocando cansancio, falta de concentración, falta de atención, y en general todo tipo de dificultades que tiene que ver con nuestra capacidad mental.

Los desórdenes alimenticios traen consigo no sólo un desequilibrio físico y mental, también emocional, e influyen mucho en tu manera de observar y sentir la vida. Cómo te percibes, cómo te perciben, cómo observas y eres observado. Sí es cierto que hay personas que por enfermedades puntuales están desnutridas, y otras con sobrepeso, pero no es algo que le pase a la mayoría de las personas. Se debe en parte a malos hábitos alimenticios, pero también al creciente bombardeo de nuevos productos y formas de alimentarse que está siempre presente en la televisión, en las redes sociales, en las vallas publicitarias, etc. En fin, estamos invadidos por el consumismo que nos hace creer que tenemos que comprar todo lo que nos ofrece, y que la mayoría de las veces no es más que “comida chatarra”.

Por ello, es tu responsabilidad saber elegir para llevar una vida más equilibrada. No puedes entregar tu fuerza de voluntad a decisiones impulsivas aceptando lo que imponen, sutilmente, las grandes industrias de alimentos.

Aunque en apariencia somos libres de elegir lo que compramos, vivimos en un mundo que es gobernado por unos cuantos que manipulan de manera sutil todo, para que creamos que estamos decidiendo por nosotros mismos, pero la publicidad y las redes sociales, en parte, son el instrumento que nos induce a consumir lo que está de moda y no lo que necesitamos para estar bien. Alguna vez leí un pasaje de la Biblia (Isaías 55:2) que decía: “¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan y vuestro trabajo en lo que no sacia? ¡Oídme atentamente: comed de lo mejor y se deleitará vuestra alma con manjares!”. Sobra la explicación, pero cuando uno se deleita comiendo “manjares”, se refleja en las emociones. Y los manjares pueden ser una fruta, un cereal, un rico pan, un trozo de carne, etc.

En definitiva, no hay que ser millonario para alimentarse bien, sólo hay que administrar de la mejor manera posible el fruto de nuestro trabajo. Podemos darnos gusto de vez en cuando con algunos alimentos no tan nutritivos como panes, galletas, helados, o cualquier postre que nos guste, pero en el diario vivir, en el día a día, hay que comer sano y equilibrado.

Acéptate como eres, todo bajo el cielo azul es perfecto. No te compares con nadie, porque cada uno de nosotros es único e importante para Dios, y tener esa certeza nos aleja de querer cambiar nuestro cuerpo con dietas rigurosas y dañinas. Que la aceptación de ti mismo sea tu arma de poder para estar bien por dentro y por fuera.


domingo, 24 de noviembre de 2024

"NO SÓLO DE PAN VIVE EL HOMBRE"


Cuando cruzamos por los momentos más oscuros de nuestras vidas se experimenta dolor, desazón, frustración, impotencia, negatividad, ira, envidia, desolación, en fin, muchas sensaciones que nos estancan. Y precisamente allí, cuando más bajo caemos, pequeños rayos de luz aparecen para iluminarnos. Uno de ellos es la oración: el refugio de las almas abatidas y tristes que encuentran consuelo conversando con el Padre Creador. 

Si en algún momento de tu vida has estado orando durante semanas o meses intensamente, habrás notado que tu cuerpo y tu mente se llenan de mucho amor, incluso estás tan colmado de gozo y sabiduría que no sientes tanto apetito. Precisamente sobre eso quiero escribir en esta ocasión. Cito el Evangelio de Mateo 4,4: "Jesús le respondió: Escrito está: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios". Y así es, es lo que he experimentado; mi cuerpo durante esos días en que más me sumergía en la contemplación del amor y la luz de Dios, se saciaba con más facilidad y no me era necesario comer y beber grandes cantidades de alimentos. En verdad que me nutrí espiritualmente y obtuve equilibrio emocional, también me colmé de mucha fuerza y coraje. Además de eso, me empecé a dar cuenta que la moderación es algo importante para nuestras vidas. En cada cosa que hacemos encontrar ese punto medio, orientado hacia la armonía, es clave para estar bien.

Los excesos siempre traen desequilibrio y hacen que nuestros hábitos sean afectados. Las buenas costumbres: orar, meditar, servir, comer frugalmente, dormir bien, usar buenas palabras, etc., nos van llevando a un desarrollo óptimo de nuestra conciencia.

Querido amigo, querida amiga que me lees, te invito a que observes activamente tu proceder, de manera incansable, así te darás cuenta de los hábitos que puedes mejorar. Si realmente quieres sanar tus emociones y llevar una vida genuinamente positiva, haz el esfuerzo de mirarte en el espejo de tu propia realidad, allí hallarás tanto que mejorar que quedarás asombrado. Si un día pudieras ser el observador de tu propia vida, quizás descubrirías cómo miran tus ojos al mundo y las personas, y quedarías aterrado de los juicios que emites y la falta de benevolencia que hay en ellos. Habrá excepciones de personas que tienen una mirada transparente y que no encuentran nada que juzgar, pero para la mayoría de nosotros es una tarea que tenemos que superar.

Tu familia, las personas con las que convives en casa, en el trabajo, y las que te cruzas cada día, sin excepción, son tu espejo; son el reflejo que necesitas ver para darte cuenta de que no eres superior o inferior, ni mejor o peor; más bien son “guías”, seres sintientes llenos de energía que te están mostrando algo, ya sea negativo o positivo. Están ahí para que aprendas, para que crezcas en el amor y en el perdón. 

Cuando elijas mirar hacia adentro, cuando llenes tu cuerpo, mente y espíritu de la oración, la contemplación, la meditación, etc., en verdad sentirás que lo que más alimenta tu existencia son tus pensamientos amorosos, y lo que creas a partir de ellos. Estarás “incluyendo” verdaderamente a las personas, a la naturaleza, a los animales, y a todo lo que te rodea. 

Es cierto que bebemos y comemos para tener energía, para estar vivos, no hay nada tan cierto como eso y la muerte de nuestro cuerpo físico, pero aún así, si tu deseo es profundizar tu propia existencia y conocer más de su ilimitado poder, te digo con mucho cariño y respeto: Somos llamados a algo más profundo, somos llamados a sentir la Luz y el Amor del Padre Creador; somos llamados a descubrir los maravillosos secretos que guarda la Madre Tierra en sus profundidades, y eso se logra haciéndonos responsables de nuestra energía y el equilibrio de nuestro cuerpo físico. La armonía, la templanza, el poder y la sabiduría la vamos construyendo desde el interior de nuestro cuerpo hacia afuera. Este vehículo que nos permite movernos en la tierra tal vez podría volar un día, eso depende de qué tan lejos creamos ser capaces de llegar, pero mientras tanto debemos cuidarlo, no sólo con alimento físico, sino también con alimento espiritual.

Alimenta tu tiempo de oración y meditación, alimenta tu mente de pensamientos amorosos, receptivos, benevolentes. Alimenta lo que creas que eres abrazando la presencia del Padre, porque en esos pequeños actos que se hacen a diario, saciarás tu sed y tu hambre espiritual, física, emocional y mental. Todo lo que quiera satisfacerse en ti hallará su alimento, su nutrición, en la contemplación de las grandes virtudes. Y no te preocupes por lo que esté en desequilibrio, hallará la armonía, siempre lo hace, porque la constancia en la oración dará sus frutos cuando menos lo esperes, y cuando más lo necesites. La clave es: Sin apego al resultado, sino por el placer de estar bien.

Persiste en la oración, a pesar del dolor, como si fuera una comida diaria: Tu alma se nutrirá y tu cuerpo lo agradecerá. Mis mejores pensamientos siempre.


sábado, 23 de noviembre de 2024

LAS PASTILLAS Y LOS ALIMENTOS: SU EFECTO PLACEBO MEJORA EL ESTADO DE SALUD Y LAS EMOCIONES


Cuando era niño me preguntaba “¿por qué las pastillas que tomamos calman el dolor?”. Aunque suene obvio, pensaba: “si me duele el estómago y tomo una pastilla para el dolor, ¿por qué me deja de doler?, ¿acaso la pastilla tiene mente propia y sabe que se tiene que ir al estómago a calmarme el dolor?”. Hoy creo que lo que nos sana no es la pastilla, sino el mensaje que nuestra mente le manda al cuerpo (no desconozco el valor ni las propiedades de cada medicamento para el que fue fabricado). Pongo un ejemplo: Si me duele el estómago, yo me tomo la pastilla pensando en mi estómago y no en la pierna, ni en el pelo, ni en un dedo. Yo soy quien, inconscientemente, da la orden al cerebro para que la pastilla actúe en mi cuerpo. Con sólo pensarlo es suficiente para que mi cerebro capte el mensaje. Un día escuché la frase “la energía sigue al pensamiento”, y no la comprendía muy bien, pero ahora entiendo que, si a mí me duele el dedo gordo del pie, y me tomo un analgésico, obviamente hace efecto porque mientras la tomo, con un vaso de agua, mi mente está centrada en el dolor que tengo en el dedo gordo del pie: mi energía va, en ese momento, al lugar donde mi pensamiento la mandó.  No pretendo profundizar en esto porque no soy experto, pero realmente nuestra mente es poderosa, y no hemos aprendido a comprenderla para sanar, y muy seguramente llegará el día en que no necesitaremos pastillas para estar bien, pero mientras eso sucede, parece que hay que tomarlas. En mi caso, he aprendido a manejar ciertas dolencias sin medicamentos, pero hay otras, como la migraña, que se hace insoportable, si no recurrimos al medicamento adecuado para controlarla. En todo caso hoy tenemos acceso a muchas herramientas y terapias (medicina holística) que contribuyen con la salud física y mental, y es algo que ya he experimentado y lo compartiré en otra entrada porque me ha funcionado.

Con los alimentos también podemos experimentar el efecto placebo debido a que no sólo los hemos “etiquetado”, sino que está comprobado que cumplen una función específica en el organismo cuando los consumimos. Por ejemplo, decimos que el limón sirve para el dolor de estómago, la piña para adelgazar, la manzana para relajarse, etc. Estas son cosas que en parte son verdad, pero es que realmente ningún alimento puede dañar nuestro organismo si se consume de manera adecuada y moderada, independientemente de si lo usamos con fines curativos o alimenticios. 

Nuestros antepasados, más remotos, se alimentaban para subsistir y nunca se preocuparon por qué efectos tenía la comida en su cuerpo, solamente disfrutaban, saciaban su sed, su hambre y sus necesidades más primordiales. Hoy eso ha cambiado, porque en vez de disfrutar y agradecer la comida, estamos pensando en si nos va a engordar, adelgazar, si nos va a rejuvenecer, o envejecer, etc. Por eso tenemos dos opciones: hacer de los alimentos una especie de placebo según nuestras necesidades, aunque no siempre funciona, porque combinamos los alimentos naturales con "comida chatarra"; o comer sano y agradecer que tenemos alimento.

Pero no debemos ir a los extremos, y más bien hacer de los alimentos un placebo. Por ejemplo, si tenemos un "antojito", que “creemos” no nos hace bien, no deberíamos reprimirnos y más bien disfrutar y agradecer mientras lo consumimos, ya que esto causa en nuestro organismo placer, que contribuye con la activación de la dopamina, que es un neurotransmisor químico que regula la motivación y el deseo. Lo que sí es cierto es que cuando uno tiene crisis de ansiedad, no es recomendable consumir harinas o dulces porque descompensan el organismo, ya que en un comienzo eleva nuestra energía y nos motiva, pero esta sensación “cae” con la misma rapidez que nos llegó, potenciando el síntoma. En mi caso, si por algún motivo no puedo evitar comer un helado, aprovecho ese instante para agradecer que lo puedo disfrutar, y mientras lo como no pienso en que me va a hacer daño, sino todo lo contrario, y uso mi emoción y el placer que me causa comer un helado de chocolate, para canalizar energía positiva y vibrar alto. Es en esos momentos cuando podemos pensar en algo que deseamos, o podemos evocar un momento de alegría para inducir a nuestra mente para que nos traiga más de lo mismo (me refiero a los estados de alegría, gozo y paz). Pero lo que sí es cierto, es que cada vez que comemos algo que nos causa mucho placer, es primordial agradecer, ya sea mentalmente si estamos acompañados, o en voz alta si estamos solos, porque esto tiene un poder muy grande en nuestra vida, ya que “agradecer” contiene un estado vibratorio muy grande que atrae prosperidad en todos los sentidos.

En todo caso no es fácil salir del consumismo (medicamentos, comidas, bebidas, etc.): ¿quién no ha caído en la trampa de elegir un paquete de papas fritas, en vez de una fruta? O tomar una pastilla para un dolor leve de cabeza, en vez de cerrar los ojos por un momento y hacer respiraciones conscientes (esto calma este tipo de dolores) Pero, seguramente hemos tomado conciencia, y felizmente hemos seleccionado pensando en la salud y no en los antojos y sugerencias que el consumismo nos hace creer que necesitamos. Y aunque no lo crean, las emociones se estabilizan cuando comemos sano, o cuando en vez de temer disfrutar de algún alimento, simplemente comemos, lo que sea que tengamos a la mano, con la sensación de agradecimiento y placer por tener el privilegio de poderlo disfrutar.

Si sanamos nuestras emociones, sanamos por dentro y por fuera, y muy seguramente serán pocas las veces que tengamos que hacer uso de una “pastilla” para sentirnos bien.

Paz y amor en sus vidas.


domingo, 3 de noviembre de 2024

LOS SERES DE LUZ ABRAZAN Y GUÍAN NUESTROS CAMINOS 


No caminamos en soledad. Somos guiados por la Inteligencia Divina. El amor del Padre Creador está en nosotros y en las personas que nos rodean; y espiritualmente, a través de su energía, nuestros ancestros están a disposición para ser luz en nuestras sendas. 

¡Qué emocionante y amoroso es sentir la presencia de guías cada segundo de nuestra existencia! Están allí siempre: En la belleza de una flor que sea abre confiada a la luz del sol, en un árbol cobijándonos del calor o de la lluvia, en la mirada benevolente de un desconocido que nos cruzamos por la calle, en las preguntas de un niño que está en completa presencia cuando lo miras a los ojos y lo escuchas con atención. 

Todo está presente en nuestras vidas, no hay vacíos ni huecos; la ausencia que podamos sentir en ocasiones es la percepción errónea que tenemos del amor. Porque el amor lo colma todo: la luz y la obscuridad, el día y la noche, cada opuesto es abrazado por el amor. 

La intensidad con que percibas la vida es un equivalente a la conexión o desconexión que puedes estar experimentando en tu interior, y en cómo transitas el exterior a través de los sentidos: A mayor desconexión de tus habilidades sensitivas como la intuición, mayor será tu descontento y hostilidad hacia lo espiritual, hacia lo que no se ve. A mayor conexión con el mundo intangible, lo que llamamos invisible, ligero, libre de ataduras físicas, tu cuerpo físico, mente y emociones encontrarán los caminos para que tu existencia esté alineada con el agradecimiento y la alegría, porque existir también implica que de nuestra parte haya una apertura de aceptación, receptividad e inocencia para conectar con lo sutil, con la energía, y la vibración de cada cosa que existe: Lo que probamos, lo que olemos, lo que tocamos, lo que escuchamos y lo que vemos. 

Todos tus sentidos activados en un instante, en cada cosa que haces como caminar, nadar, bailar, comer, leer, son la prueba de si estas en el presente disfrutando cada sensación o, por el contrario, te encuentras en el pasado o en el futuro, perdiéndote del instante que es y no se repetirá. Incluso la respiración, que es algo que haces a diario para estar vivo, son inhalaciones y exhalaciones que no regresarán. El momento perfecto siempre es ahora, es este instante, siempre lo fue y siempre lo será, aquí cuando te escribo, y ahora que me estás leyendo. 

Cada cosa que hacemos es un viaje sin retorno, es un ir hacia el presente, pero ese presente no se detiene porque siempre continúa hacia la eternidad, sin mí o sin ti, no se detendrá.  

La renovación que necesitamos está en la oración y en el arte de profundizarla a través del amor. Si deseas ver lo que no se ve, si deseas conectar con tus ancestros, seres de luz, o con algún maestro espiritual que está en otro plano, en nuevos aprendizajes, debes pensar en ellos con amor, con alegría, con agradecimiento.  

La meditación, la oración, nuestras plegarias, cantos, agradecimientos, todo aquello que sea querer conectar con Dios, la Madre Tierra, el Universo o con la Infinitud, implica de nuestra parte voluntad y constancia en la práctica. Toda disciplina o hábito que crece en nosotros se perfecciona, se profundiza y da frutos a través de esa interminable persistencia de querer aprender más y de nuestro amplio deseo de estar más cerca de la Luz y la Sabiduría. 

El día 22 de noviembre del año 2023, a las 3:35 p.m., me encontraba en medio de una meditación, orando al Padre Creador, sentía la imperiosa necesidad de preguntarle sobre la verdad, que Él me hablara sobre ¿qué es la Verdad? Le expresé mentalmente las siguientes palabras: “Muéstrame la Verdad”. Minutos después de seguir en oración y en agradecimiento, haciendo mantras, dándome la paz que deseaba, recibí este mensaje, por medio de una voz que dijo: “Las personas son luces que cuando están en tú presencia te piden amor... Es lo que quieren de ti: Amor... Extienden sus manos... Lo que quieren es amor... Amor, comprensión, benevolencia, ayuda, alegría... Ser escuchados... Acompaña a tus hermanos con amor.”. En lo primero que pensé fue en el querido y amado Maestro Jesús y en sus palabras: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”, que aparecen en la Biblia, en el Nuevo Testamento, en el evangelio de Juan, capítulo 14, versículo 6.  

Sentí que fui escuchado por el Padre, mi corazón desde ese día sabe para sí mismo que el perdón, el amor y el servicio al prójimo son gran parte de la Verdad de nuestra existencia, y que las personas que me rodean son luces queriendo ser encendidas en amorosa compresión. 

Cuando entramos a nuestras meditaciones u oraciones con inocencia, fe y transparencia, somos escuchados genuinamente. En estos estados de interioridad y de contemplación del amor y el perdón, he comprendido que las realidades crueles y dolorosas que experimenta el mundo han sido la visión, las fabricaciones, las ilusiones, y las fantasías de hombres y mujeres a los cuales nos ha faltado el entendimiento de nuestra grandeza y el potencial de nuestra energía al servicio de la Luz y del Amor. 

Somos una fuente inagotable de creación divina, sólo nos hace falta cerrar nuestros ojos y mirar hacia adentro, y desde el interior, abrir los ojos a esa visión que el Padre nos quiere compartir para que construyamos una vida y un mundo más equilibrado, más amoroso y complaciente con todos los seres que lo habitamos. 

No cierres los ojos al amor y al servicio si sabes que es lo que el Padre te pide para que crezcas en la visión hacia tu camino espiritual. Sanamos cualquier emoción y de paso cualquier enfermedad cuando estamos conectados con lo que somos: Seres de luz, habitando un cuerpo, para estar al servicio de este mundo terrenal.  

Que la Verdad sea tu compañera de vida para que seas libre, y eso no lo digo yo, lo dice el amado Maestro Jesús en Juan 8, 32: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. Libres de cualquier dolencia, necesidad, miedo o inquietud que los acompañe. 

Mis mejores pensamientos siempre. 

domingo, 27 de octubre de 2024

LA MAGIA DE AGRADECER PARA SANAR LAS EMOCIONES


Desde niño me han enseñado a agradecer el pan de cada día. En mi país, Colombia, es costumbre dar gracias por todo. Desde que empieza el día hasta que termina; es algo cultural, y me siento muy “agradecido” por tenerlo adherido en la sangre, en el ADN. 

El maestro Jesús, antes de hacer un milagro, decía: “Gracias Padre porque me has escuchado”. Él se anticipaba a dar las gracias porque sabía que iba a recibir una respuesta de su Padre. Él no suplicaba, Él agradecía. Esa es la oración perfecta y nos lo repite muchas veces en sus prédicas, y eso lo podemos ver en todos los evangelios. Veamos un ejemplo en el siguiente pasaje del Evangelio de San Juan 11: 41-42: “Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado.”. Entendido así, dar gracias, es un acto de fe. Pero en nuestra vida cotidiana sólo damos gracias cuando hemos recibido algo, y lo que deberíamos hacer es agradecer todo el tiempo como una manera de enviar un mensaje al Universo y decirle: siempre estamos listos para recibir. 

Las emociones son inherentes al ser humano, por eso Jesús cuando estuvo de paso en este mundo las experimentó y las transmutó con oración, aceptación y agradecimiento, como lo hizo en el huerto de Getsemaní, antes de ser detenido y crucificado. Fue una oración en donde Jesús deja salir sentimientos más humanos y manifiesta su miedo y su angustia pidiendo a su Padre que si es posible le aparte de ese dolor, pero que por encima de todo se haga Su Voluntad: Oró, aceptó, y agradeció. La historia ya la conocemos, y detrás de esa “religiosa sumisión a su Padre” hay algo más profundo, que contiene una gran enseñanza sobre el valor de soltar nuestras cargas y agradecer, porque después de ese acto genuino de entrega hay una sanación, una liberación. 

Agradecer como si ya hubiéramos recibido lo que deseamos o necesitamos, orar en paz, tomando el tiempo necesario para conectar con Dios, son enseñanzas del maestro Jesús que podríamos incorporar a nuestra vida para crecer espiritualmente y fortalecer nuestro carácter, y también para ser personas emocionalmente más sanas y positivas.  

Sentirnos merecedores de amor, alegría, éxito, paz, armonía, etc., hace posible que podamos experimentar estos estados. Sólo cuando comprendemos que el agradecimiento crea y manifiesta lo que deseamos y que nos da la fuerza para superar los aprendizajes más dolorosos, la vida se hace más liviana. Recorramos cada instante con sabiduría, inteligencia y disposición para aceptar lo que venga. 

Es importante tomar conciencia del valor de la gratitud, porque fluyendo de esta manera se pueden atravesar los momentos más obscuros y también nos permite alcanzar nuestros objetivos con mayor eficacia.  

La gratitud es algo que se da y que se recibe en lo cotidiano, pero cuando somos agradecidos en todas las circunstancias de la vida, esto se convierte en un poderoso mensaje sutil que nuestra alma le envía al universo: “Yo Soy Gratitud, por lo tanto, si Yo Soy Gratitud, toda energía y vibración que esté en esa frecuencia será atraída hacia mí, y llegará a mi vida de manera natural.  

La forma de agradecer que nos enseña el querido y amado maestro Jesús, es una guía maravillosa que nos hace crecer como una pequeña planta y nos lleva a alturas inimaginables. Porque las enseñanzas más grandes siempre son las más sencillas. 

Si te cuesta agradecer, recuerda que el Universo se mueve desde el agradecimiento y el amor. Ya de por sí es una ley, y si no estamos en sus lineamientos será escasa la abundancia de todo lo que deseemos.  

Desde mi libre albedrío y desde tu libre albedrío, te invito a que siembres en tu corazón y en tu mente la semilla de la gratitud que es la gracia, el maná, la vida, la luz para recibir en abundancia, para dar en abundancia y para compartir en abundancia. Mis mejores pensamientos para ti que me lees: Que la gratitud te abrace cada día de tu vida y que tú abraces con gratitud a las personas que te acompañan en tus caminos.

domingo, 20 de octubre de 2024

CÓMO SALÍ DEL BUCLE DE PENSAMIENTOS CUANDO TRANSITÉ LA ANSIEDAD


Desde el punto de vista de la psicología, entramos en “bucle” cuando nuestra mente se bloquea por una emoción muy fuerte o pensamientos reiterativos, que nos llevan a estar insistentemente en el pasado o en el futuro, sin poder vivir el presente, ocasionando estados depresivos o ansiosos. Todos alguna vez hemos experimentado estas emociones por alguna situación en particular, pero el problema es cuando nos quedamos ahí sin poder superarlo. En mi caso, pude sobrellevarlo gracias a ciertas “prácticas” que realicé, y que me han permitido superar estos estados tan negativos. Les comparto algunas que me parece son importantes y toda persona las puede realizar: 

1. Respirar: Sería la primera de la lista, porque respirar es lo primero que nos saca del estrés y estabiliza nuestro cuerpo, emociones y mente. La respiración consciente, lenta y pausada, inhalando y exhalando en intervalos largos y lentos, nos calma evitando que entremos en pánico.  

2. Ignorar o bloquear nuestros pensamientos: Alejarnos de ellos evitando el flujo intenso que aparece cuando más ansiosos nos sentimos. No entrar en el juego de la mente prestando atención a nuestros pensamientos es algo muy práctico y sencillo de hacer: Debemos llevar nuestra mente a otro estado por medio de pensamientos positivos, a través de mantras, oraciones, o repetición de palabras que eleven nuestra energía y vibración y nos evite caer en la toxicidad.  

3. Distraernos con lo que tengamos a mano: Puede funcionar salir a caminar, darnos un baño, leer, escribir, ver una película. Si tenemos una planta, regarla, cuidar de ella; si hay una mascota, sacarla a pasear, pasar más tiempo con ella. Puedes elegir otras cosas, lo importante es ocupar nuestra mente y tiempo. Es clave para apartarnos de las ideas negativas y sensaciones de estar sobre pensando.  

4. Charlar con la “ansiedad”: Es una manera un poco inusual, pero a mí me ha funcionado. Implica que haya valor de nuestra parte, y es confrontar los pensamientos que nos llevan al futuro o al pasado. Es enfrentar lo que pensamos y decirnos: Ansiedad, me estás haciendo daño, no deseo sentir ni estar más con estas sensaciones, elijo apartarme de ti, elijo estar bien, elijo estar en el presente, etc. Es una especie de “estrategia” hablarnos a nosotros mismos para vencer el poder que ejercen sobre nosotros los pensamientos hostiles y negativos que van apareciendo. 

5. Escribir: A mí me ha funcionado mucho escribirle a la ansiedad. Hacerle cartas donde le expreso mi descontento y la tristeza que me causa sentirme así. Para mí es un desahogo que me hace sentir muy bien. En estas cartas dejo salir todos los pensamientos, los suelto en el papel, y como un acto de confianza en el presente quemo las hojas donde escribí. Es una acción que me da fuerza y valor para dejar el dolor atrás. 

6. Manifestar que no estamos bien: También es muy importante decirles a las personas con las que convivimos que tenemos ansiedad, ataques de pánico, etc. Hay que hablar y expresar lo que nos sucede, así podrán entender por lo que estamos pasando y nos darán el espacio que necesitamos para estar mejor, para recuperarnos. Es muy común guardar silencio y luego esperar que las personas adivinen lo que nos pasa, y si no lo hacen entonces las juzgamos y eso será un motivo de conflicto y una carga más para nosotros. Y si de casualidad, la persona con la que convivimos no nos entiende, quizás es un mensaje del universo para mostrarnos que estamos en el lugar equivocado o con la persona equivocada. 

7. La oración/plegaria: Qué importante es entrar en contacto con el Padre Creador o con la Madre Tierra o con el Ser Superior en el que creamos y sincerarnos en esos momentos, y expresar lo que sentimos. Abrir nuestro corazón para hacer nuestras plegarias, para pedir sabiduría y también para agradecer que estamos vivos, que cada día somos más fuertes, alegres y valientes, nos da no sólo una sensación de paz, sino que nos conecta con nosotros mismos: Cuando tenemos ansiedad estamos desconectados. 

Pienso que no hay una sola manera para ayudarnos a nosotros mismos a salir de los estados ansiosos, por el contrario, hay muchas, y eso es muy alentador para las personas que queremos aprender de este proceso y hacernos más fuertes. Para mi proceso personal, escribir y compartir mis experiencias a las demás personas es una forma de hacer catarsis y sanar. También una manera de aportar a la comunidad y a la sociedad. Tengo la intención clara y fuerte de ayudar y servir para que seamos personas más sanas y felices, por eso agradezco que me lean.  

Algo importante para finalizar: La forma que encuentres y decidas elegir para estar mejor en los momentos de ansiedad, será ese hábito que debes incorporar a tu vida y hacerlo el pilar de tu día a día. Ser constantes con las herramientas que nos ayudan es primordial para mejorar. La voluntad y el compromiso con nosotros mismos exige disciplina y amor propio. No lo olvides, son los hábitos saludables los que nos permiten tener una vida organizada, y no una vida en caos. 

Mis mejores pensamientos siempre, que tu proceso de sanación te ayude a encontrar tu mejor versión.


LA ANSIEDAD Y LOS ATAQUES DE PÁNICO NOS PIDEN MODIFICAR LA FORMA DE ALIMENTARNOS

Yo no sabía que tenía ansiedad hasta que experimenté un ataque de pánico; esto me hizo comprender que era la misma sensación que me acompaña...