Yo no sabía que tenía ansiedad hasta que experimenté un ataque de pánico; esto me hizo comprender que era la misma sensación que me acompañaba desde niño. Y a esa edad era obvio que no lo entendiera, pero con el paso de los años mi vida se presentaba como una interminable carrera en hacer cosas: El colegio, las tareas, los juegos, la vida cotidiana, etc., y a medida que iba creciendo empeoraba, pero fue algo que no pude percibir hasta que siendo adulto llegué a un límite mental, emocional y físico. Como ya he venido contando en estas entradas sobre la ansiedad, es un aprendizaje que me mostró situaciones y hábitos que no venía manejando bien, e incluida la alimentación, y por ello en esta ocasión quiero compartirles mi experiencia con este tema antes y después del ataque pánico.
En el pasado, en el día a día siempre comía de todo, con moderación, pero sin restricciones: Frutas, vegetales, proteínas, cereales, harinas y dulces. Pero sobre todo harinas, que es algo natural y cotidiano en mi país, en que se suelen comer muchos panes, empanadas, arepas, prácticamente harinas pero que cambian en sus rellenos. Sabemos que son de maíz o de trigo, pero no dejan de ser procesadas y de no ser saludables si las consumimos en exceso. Además de eso, me encantaban los chocolates: “un escape a la tristeza, a la frustración, al miedo y al estrés”. Es algo que hoy comprendo, y quisiera empezar por los chocolates porque en verdad son una delicia y aportan mucha energía y cosas positivas al organismo, pero cuando los consumimos desde una necesidad o búsqueda de compensar los momentos de crisis pues se torna muy negativo. Es nocivo el consumo de chocolates, dulces y paquetes cuando consciente o inconscientemente nos alimentamos de ellos para salir del paso, para sentir alivio o para cubrir episodios de inestabilidad emocional.
Los alimentos son nuestra fuente de energía, pero se pueden convertir en una fuente de compulsión y de escape a la vida y a los conflictos internos que no logramos solucionar en el presente. Precisamente, cuando tuve la primera crisis de ansiedad fuerte y el ataque de pánico, estaba bebiendo una taza de chocolate caliente. Es importante resaltar que cuando entiendes, cuando no y cuando sí tomar o consumir ciertos alimentos, llevas ganada gran parte de la batalla para usar inteligentemente los llamados “ultra procesados” porque sí lo son, pero echarle la culpa a lo que ingieres, es dejar de lado la responsabilidad que cada uno tiene con la salud y armonía en su cuerpo.
No deseo opinar mucho acerca de temas que no domino, pero comparto mis experiencias personales al respecto porque pueden contribuir de alguna manera. En el caso de la ansiedad y los ataques de pánico, tomar o comer alimentos como el café, los chocolates, los dulces, las harinas, los bizcochos, donuts, energizantes, gaseosas, jugos artificiales, paquetes, etc., no son buena idea porque le suma en exceso energía a esa que ya traes de sobrecarga con la ansiedad y esos estados que te hacen estar todo el tiempo en alerta. De hecho, las primeras semanas y meses después del ataque de pánico, rechazaba inconscientemente este tipo de alimentos; mi propio cuerpo sabía que no necesitaba ni deseaba esa sobreexcitación e hiper energía en el organismo. Nuestra propia naturaleza, la química de nuestro cuerpo nos muestra el camino saludable y positivo de maneras sutiles, sólo basta que estemos atentos a las señales y todo irá bien.
Como el ataque de pánico me dio para mitad de año y ya a finales de noviembre del mismo año estaba más recuperado y en equilibrio, no me quise negar los manjares que trae la navidad. Entonces me di vía libre a consumir entre diciembre y enero, buñuelos, natilla, arroz de leche, galletas, panetones, helados, tortas, etc., trayendo consigo que mi cuerpo se llenara de excesos de energía lo que hizo que volviera la ansiedad muy fuerte.
Agradezco que me sucediera esto porque pude comprender que ya no podría volver a comer así si en verdad lo que quiero es alejarme de los estados ansiosos. Y aclaro que comí para ese fin de año todas estas cosas que se comen normalmente por la época, pero sin exageraciones. Entonces imaginen a una persona que come en exceso, ¿cómo puede ser la ansiedad para ella?
He aprendido que en lo posible es mejor evitar el consumo regular de los alimentos que les he nombrado para estar equilibrado y con menos propensión a recaer en la ansiedad y en los subsiguientes ataques de pánico que son tan desagradables y de los que nos cuesta tanto recuperarnos.
En el presente no como ni bebo ninguno de estos alimentos regularmente; se los comparto en el orden de efectos negativos que causan a mi organismo:
Café: Me encanta, pero es demasiado para mi sistema nervioso. Un pequeño sorbo es como un "shot" de ansiedad inmediata.
Bebidas energizantes: Claramente tienen un alto contenido de cafeína y estimulantes, una probable bomba de ansiedad.
Gaseosas/Jugos artificiales: Sabemos que tienen más azúcar que la misma azúcar, jajaja.
Chocolate en todas sus formas: Cargan mucho mi organismo por la grasa y el dulce. Aunque dicen que los chocolates al 70% u 80% son muy saludables porque tienen menos azúcar.
Bizcochos, donuts, galletas, pasteles: No hay nada más delicioso que una de estas tentaciones con un café expreso, jajaja. Son muy ricos, pero hay que mantenernos alejados de ellos.
Azúcares y aditivos: Son muy concentrados y por eso le dan tanto sabor a lo que ingerimos, son de los más potentes para estar super ansiosos.
Té: Me gusta mucho el té, pero es en demasía estimulante, así que no se los recomiendo.
Helado: ¿A quién no le gusta el helado? A la mayoría nos gusta, habrá sus excepciones. Lo puse casi al final de la lista porque no me sienta tan mal, pero sí cuando va acompañado de más dulce, como el brownie o las salsas azucaradas que se le agregan.
Paquetes: Las frituras son puro aire, les perdí el gusto hace varios años porque irritan la piel y generan mucha dependencia: puedes llegar a comerte tres paquetes de papas en una sentada y querer seguir comiendo uno más, y otro, y por qué no otro más. No paras hasta que te duele la panza, y vas al baño, pero sales y ves que el paquete sigue ahí, diciéndote mentalmente: ¡cómeme! Jajaja, parece gracioso, pero hay personas que, literalmente, tienen su salud dañada por consumir estos productos.
Bebidas alcohólicas: Deben ser, junto con el cigarrillo, las que más ansiosas ponen a las personas. Como no las consumo, van entre las últimas, pero deberían ser las primeras en la lista de los productos que más ansiosos y depresivos colocan a las personas en el mundo.
Leche: La leche ya no es leche, debe ser algo parecido a la leche ese líquido blanco que nos venden en los supermercados. La dejo última en mi lista porque es de los productos que más me gustaban, pero es el que menos consumo, pues tiene mucha grasa y genera muchos gases en el organismo. Además de eso, la leche está presente en la mayoría de los alimentos o bebidas que les mencioné en esta lista. No es un dato menor porque, en mi caso particular, al dejar de ser uno de los primeros alimentos que ya no ingiero en mi dieta, me ha ayudado progresivamente a dejar los otros, como el café o los helados. Es como eslabones que vamos soltando para tener una vida más consciente y más sana.
Quizás en la lista hacen falta alimentos que nos potencian más la ansiedad, pero para cada persona es diferente y el orden también varía. A mí, el que más me afecta es el café, pero en tu caso pueden ser los paquetes que, aunque no tienen tanta “azúcar” como una rebanada de pastel de chocolate, igual generan mucha adicción.
Y es precisamente adicción lo que nos generan los productos procesados, altos en sodio, azúcar, grasas, aditivos y conservantes. Si ya de por sí eres ansioso o una persona con dependencia a ciertos alimentos, y te cuesta tener fuerza de voluntad, la mayoría de los productos que en el presente nos ofrece la industria a nivel mundial, terminan siendo ese empujón para que sigas dormido emocional, mental, espiritual y físicamente. Prácticamente duermes cada día unas cuantas horas en la noche y te despiertas a la mañana siguiente para seguir dormido, aunque estés despierto, porque como comes es el reflejo de lo que eres o de lo que otros quieren llevarte a ser que seas: alguien dependiente, alguien que se satisface y se “alimenta” con lo fácil, con lo temporal, con lo rápido, con lo que no genera ningún esfuerzo.
Con esta entrada no pretendo desacreditar nada ni a nadie, el caso es que escribo con la mayor sinceridad posible porque sé que hay muchas personas transitando la ansiedad, otras recién empiezan a sentirla, y la mayoría que la padecen no saben qué es la ansiedad, ni se dan por enterados que algo no está bien en sus vidas. De hecho, amigos y amigas que me leen, sabemos que la ansiedad es algo natural en los procesos químicos de nuestro cuerpo; es una respuesta al estrés o a situaciones que nos exigen una alta demanda de nuestras energías. En verdad que estar ansioso es algo normal y nos pasa a todos en diferentes momentos y situaciones de la vida, la cuestión es cuando dejamos que siga pasando, y cuando menos nos damos cuenta estamos consumidos por un estrés y estados de ánimo que nos superan. No creo que haya que ver como un monstruo a la ansiedad sino como una oportunidad para hacer cambios relevantes en nuestras vidas.
Cuando me animé a dejar ciertos alimentos en mi dieta, no porque no me gustaran, sino porque me causaban algún malestar o potenciaban los estados ansiosos, empecé a entender que un pequeño cambio iba a generar otros cambios. Un ejemplo: Dejar de tomar café me ha servido para estar más sereno, para tomar mejores decisiones, para pensar con más claridad y lucidez. Y además de eso, me ha llevado a hacer otros ajustes favorables para mi día a día: beber más agua, consumir más zumos de frutas sin azúcar, usar menos sal o azúcar en la preparación de los alimentos, etc.
Si te das la oportunidad de hacer un cambio, por pequeño que sea, en tu vida, te ayudará a hacer grandes cambios progresivos, y así te transformarás en una persona más armónica. Es como que todo está interconectado, y al elegir lo que te hace bien y no lo que deseas, vas encontrando más luces, más herramientas, más iluminación, más paz, más autodominio. En definitiva, te convierte en el capitán de tu barco y puedes navegar en los aprendizajes con mayor destreza.
Mis mejores pensamientos, que el amor y la luz del Infinito Creador te acompañen siempre.







